El coach y la coordinación de equipos

 ¿POR DÓNDE COMENZAR?
EL EQUIPO INTERNO UNA MIRADA EFECTIVA

¿CONOCÉS CUÁL ES LA MEJOR ESTRATEGIA DE TU EQUIPO INTERNO?

Existe una nueva metodología, basada en la teoría de la comunicación de Shulz Von Thun, psicólogo alemán, que permite indagar en las diferentes voces o posiciones que aparecen cuando estamos frente a una problemática o situación dilemática, y de esta manera, desarrollar la mejor estrategia interna para su resolución.

¿A qué llamamos metodología del equipo interno?

Se trata de una mirada que nos permite cambiar la lógica de que “así nacemos y así moriremos” y de esta manera, construir una identidad para modificar nuestra realidad.

Desde el aprendizaje transformador y desde “la herramienta del equipo interno y del diálogo de voces”, partimos de los siguientes paradigmas a saber:

  1. Eso a lo que llamamos “nuestra identidad” no es lo mismo que “el ser”. La identidad es la “historia” o versión que hemos construido sobre quiénes somos, y es limitada desde su misma concepción.
  2. El hecho de sobre-identificarnos con ciertas características a las que consideramos “yo soy así”, nos conduce por un mapa limitante de la realidad, que a su vez, condicionará nuestras posibilidades de crecimiento y transformación.
  3. Esas características con las cuales nos describimos se encuentran indiscutiblemente colocadas en contraste de otras que son sus opuestos, a los que rechazamos. Lo inteligente resalta gracias a que existe su opuesto, lo tonto. Luz y sombra. Bondad y maldad. Cara y cruz. Cielo y tierra. Dualidad.
  4. Es posible hacer distancia de eso que creemos que somos para distinguir entre “el ser” y “la historia” que hemos creado. Al separarnos, al hacer distancia, descubrimos que yo no “soy” esa única cualidad o característica, sino mucho más.

 

¿Y entonces quién soy? ¿Cómo se constituye mi ser?

La identidad se va construyendo desde el mismo momento en que nacemos entre las cosas que sentimos y pensamos de nosotros mismos y lo que nos devuelven las personas con quienes interactuamos. Valoramos nuestro propio ser a partir de la palabra del otro, agregando su tono y su emoción. En esta constante interacción, construimos nuestra identidad.

Para la sociedad occidental, pareciera que “nuestra identidad” es un ser sólido y rígido que comienza con la apropiación de nuestro nombre.

Las voces que escuchamos desde la infancia, que hablan algo de nosotros (¡Hijo mío eres muy inteligente!) y que se repiten una y otra vez, las convertimos en realidad a través de nuestro hacer y en nuestra mente, construyendo los filtros con que percibimos y procesamos el mundo que nos rodea.

Según lo que la persona haya experimentado y se haya apropiado, será la forma en que interactuará consigo mismo y con los demás, creando patrones recurrentes de relación. Creemos que así somos y desde esta mirada no hay posibilidad alguna de cambio. “Así somos y así moriremos”.

Esta metodología genera un proceso de aprendizaje transformador y continuo. Para nosotros es sinónimo de coaching. Es el coach en la relación con su coachee, que promueve este proceso de aprendizaje, partiendo de la posición de que el sujeto que aprende (cliente o coachee) es el que posee el conocimiento o saber y que se va develando frente a él/ella a partir de las preguntas que realiza el coach. Este espacio de aprendizaje, se lo puede relacionar con lo que Vygotzky denominó la ZONA DE DESARROLLO POTENCIAL. Se trata de la distancia entre el nivel de resolución de una tarea que una persona puede alcanzar actuando independientemente y el nivel que puede alcanzar, con la ayuda de un compañero más competente o especialista en esa tarea.

Desde esta postura podemos rescatar dos aspectos:

  1. Todos tenemos una zona potencial para desarrollar
  2. Gracias a la interacción con otros (con el coach) podemos desarrollar un nivel de resolución y de conciencia que no podríamos alcanzar solos.

Por todo lo expuesto podemos resumir que, cuando hablamos de aprendizaje, nos referimos a uno, en donde se van develando las estructuras de nuestro ser y las interpretaciones en donde nos paramos para mirar el mundo. Estructuras e interpretaciones que muchas veces están en transparencias para nosotros, es decir, muchas veces ni siquiera tenemos conciencia sobre qué nos apoyamos para observar el mundo y desde donde tomamos las decisiones para accionar. Por esta razón, el trabajo de la transformación consiste en revelar nuestro ser a nosotros mismos, lo que ocurre de una manera profunda, que altera la misma posibilidad de ser aquello que somos inevitablemente. En la transformación damos luz a la posibilidad de crearnos a nosotros mismos, de forma tal, que la vida se vuelve una expresión creativa de nuestra forma de estar. (Werner Erhard,1984).

Entonces, aprender implica, salir de nuestra zona de seguridad. Significa arriesgarnos y enfrentar lo desconocido. Para muchos, un salto al vacío que no están dispuestos a dar. Mejor malo conocido que bueno por conocer. Y eso los deja en un lugar de no posibilidad, de parálisis y de dejar las cosas como están aunque el precio que paguen sea su propia infelicidad.

Desde esta posición, las personas nos aferramos, con mucha más fuerza, a nuestras creencias, ideas y razones que explican la incapacidad de asumir un riesgo, en este caso, el de adquirir nuevos conocimientos tanto del mundo exterior como del mundo interno (auto conocimiento).

Para defender esta postura, somos capaces de desplegar una serie de respuestas biológicas que nos garantizan nuestra supervivencia; las neurociencias explican que para poder desarrollar las capacidades más elevadas en tanto seres humanos y biológicos que somos, tenemos que poner en funcionamiento nuestros lóbulos pre frontales que son los que nos permiten crear un observador consciente de los movimientos internos de nuestra mente y lo que nos posibilita crecer y ser mejores personas.

A partir de ponerlos en acción es que podemos ver el mundo desde muchos puntos de vista y así podemos accionar e interpretar de mil maneras distintas las cosas que nos suceden. Para ello, tenemos que atrevernos a mirar hacia nuestro mundo interior y conocernos.

¿Qué nos pasa en determinadas circunstancias? ¿Desde donde sentimos lo que sentimos? ¿Qué voces nos hablan en determinados momentos? ¿Cuál de estas voces sobresale y lidera a las otras? ¿Cómo resuelvo? ¿Qué resultados obtengo? ¿Qué voz interior es la que prepondera? ¿Con qué herramientas cuento? ¿Qué estrategia pongo en acto para solucionar mis problemas o llegar a mis objetivos?

Para todo ello, existen algunas herramientas que nos permiten a través de sesiones de coaching, tanto individuales como en grupo, indagar estas voces que aparecen, y tomar conciencia de la forma en que me relaciono con los demás a partir de cada una de ellas e incluso, si son disfuncionales a mis metas, cómo alineo mis voces, qué estrategia construyo para finalmente llegar a la situación deseada, que es en definitiva, acercarnos a lo que cada uno de nosotros y con su propia y singular definición, llamamos Felicidad.

Lic Sandra Gutterman y Fernando Sabatini PCC
Directores de Emovere, coaching y acción efectiva
Buenos Aires, abril 2014.

By | 2017-03-31T23:18:59+00:00 16 de enero de 2016 | 2:34 pm |Biblioteca|0 Comments